13.10.09

Para alguien que no lo entiende

Yo sé que sufriste mucho para llegar a clase el pasado jueves. Hiciste varias gestiones en la ciudad a pie por la mañana. Ya en casa, apenas te dio tiempo de comer antes de encaminarte a la casa de tu alumno. Antes, trataste de descansar un poco, sin conseguirlo.

Yo sé que al principio de caminar empezó el dolor. Se situó en la pierna izquierda y no le diste ninguna importancia, como de costumbre. Después te dolía la espalda, en la zona media de la columna vertebral. Mientras seguías andando, poco a poco pasó a dolerte en el lado derecho y luego en el izquierdo, como buscando el sitio donde molestara más. Sin dejar de dolerte la espalda ni la pierna, lo hizo también la parte izquierda del pecho.

Yo sé qué ninguna excusa te bastaba. Llegarías tarde a clase si bajabas el ritmo, y tampoco le encontrabas una explicación convincente a tu tormento. La opción de riesgo cardíaco estaba descartada; el pecho te dolía demasiado al costado, no te dolía el brazo. Agotaste todas las ideas que se te ocurrieron para abstraerte; sin resultado. Finalmente, optaste por una reducción al absurdo: si el dolor no tenía sentido (tu esfuerzo no estaba siendo tan excesivo), lo mejor era ridiculizarlo. Así, inventaste una canción que fuera al compás del dolor. Éste no bajó en intensidad, pero se hizo más soportable.

En ningún momento dejó de dolerte, en ningún momento dejaste de caminar. Sin embargo, al llegar a casa de tu alumno diste la clase con toda normalidad, sin ninguna muestra evidente de tu extremo cansancio, y no le comentaste nada de tu dolor a nadie.

27.6.09

Gran pensamiento

Aprendí varias lenguas
lo que me sirvió mucho
para ser como los sabios
de Hudibras, que pueden
decir las mismas tonterías
en muchos idiomas

14.5.09

Nuevo tipo de crimen

- Cuéntemelo de nuevo, y esta vez con todos los detalles - dijo un entre asombrado e incrédulo comisario Jiménez a la mujer que tenía al otro lado de la mesa de interrogatorios. Era una señora madura pero de buen ver, de labios dulces. Le gustaba pintarse las uñas mientras veía House y hacer figuras con bastoncillos.

- Le aseguro que yo no maté a ese hombre, señor comisario. Solo quedamos para un masaje sensual en su casa, nada más. Supongo que las cosas se precipitaron después de que me fuera. En todo caso, no hicimos nada que él no quisiera, aunque...

- Más despacio, paso por paso, y con orden - cortó el comisario. Si fuera a ocupar un lugar importante en la narración, diríamos que era un hombre de unos cuarenta años, de bigote entrecano, complexión fuerte y cejas pobladas. Pero como no es el caso, tampoco añadiremos que en su juventud recorrió España a lomos de un burro; ni que era aficionado a completar sudokus con los dedos de los pies.

- Está bien - continuó ella. Al poco de llegar, después de pagarme, me rogó que me desnudara. El hizo lo propio y se tendió boca abajo en la cama. Me pidió que me sentara encima y empezara con un masaje relajante. Al cabo de media hora o así, pasé al trasero y se hizo erótico. Terminamos copulando porque él estaba muy enardecido, por decirlo así.

- ¿ Qué ocurrió después ?

- Me fui al aseo y empecé a ducharme - aquí vendría bien una pausa dramática, o quizás una descripción más detallada de lo que hizo en la ducha, mas este no es de ese tipo de relatos. Cuando terminé, cogí una toalla y empecé a secarme. El problema es que cuando llegué al ano olvidé que había hecho de vientre hace poco, y la toalla quedó marrón, usted entiende...

- Sí - dijo el comisario, haciendo unos esfuerzos demasiado evidentes por contener la risa.

- Así que imagínese a mí tratando de limpiar aquello con agua, jabón, toallitas y todo lo que encontré a mano. Cuando el resultado me pareció satisfactorio, dejé la toalla en su sitio, me despedí y me fui.

- ¿ Eso fue todo ?

El muerto había aparecido tumbado boca arriba, llevando solo unos pantalones y con la toalla sobre el pecho, en un gesto de estupor.

- Creo que sí.

- Olvidó usted un detalle en su limpieza: el olor. Le contaré lo que creó que pasó - continuó el comisario, mientras movía los dedos de los pies con fervor. El sudoku del asesinato se estaba completando poco a poco. - Era un hombre mayor, y todo parece indicar que falleció a causa de un infarto. Lo adivino así: cuando usted se fue, empezó a poner en orden su habitación. Limpió un poco, barrió, cambió las sábanas... y al hacerlo se impregnó de su perfume, aún candente - el comisario tenía gustos literarios -. No cuesta nada imaginarse que, embriagado por la esencia sensual, se dirigió al aseo con el propósito de arreglarlo. Allí se encontró con su toalla, que recogió con extrema delicadeza. Lentamente, como quien coge un objeto sagrado, se la acercó a la nariz, y cuando se disponía a deleitarse con una insólita fragancia de amor, deseo y dulzura; se topó con su insoportable olor a mierda. El corazón se le tuvo que parar en ese momento.

- No sé qué decir - dijo ella.

- Yo tampoco- prosiguió el comisario.- En mis más de veinte años de carrera, no vi cosa igual. Pero aún tiene que aclararme una cosa. No me ha contado por qué en la escena del crimen aparecieron unos bastoncillos para los oídos formando raras figuras. Lo investigamos, resultando que eran letras del alfabeto cirílico. En búlgaro, se podía leer: "Y mi mancha caerá sobre ti".

23.1.09

Sleep

All that I ever was; all that I ever learnt... was lost like a lightning.

28.11.08

Sucedido

En alguna parte leí que las editoriales, al recibir una novela para publicar, leían una página al azar, luego la primera y después la última. Si les gustaba lo que veían, seguían leyendo; si no, dejaban de leer. Cuando leí esto, miré la última pagina, después la primera, y luego...

13.10.08

Perlicas

Del diván de Almotásim (siglo XIV)

He vivido terremotos, hambrunas y asedios
Múltiples guerras vieron mis ojos
Pero todo esto no me impresionó más
Que una sola sonrisa de Diana


Kafkiana

Y el occiso hizo un inciso:
¿Y si no hubiera muerto?


Compuesto justo antes de despertar

Liba, con cuernos el mineral de la noche.
Tarda.

7.10.08

Forever young

En estos monólogos interneteros hace tiempo que no reflexiono en voz alta. Estoy escuchando Forever Young de Alphaville una y otra vez, así que pienso en la juventud que se desvanece poco a poco. Miro mis crecientes canas y entradas en el espejo y deploro el tiempo perdido. A mi alrededor veo gente menor que yo con trabajo, casa, coche o dos o tres títulos universitarios. Y quiero ser traductor, pero esos puestos son para licenciados en traducción; y quiero ser profesor, pero para eso hay que tener experiencia o tener el CAP o haber estado en Inglaterra; así que mi carrera me da opciones de ser camarero o albañil principalmente; o refugiarme en clases particulares para salir del paso.
Y veo a esos jóvenes con ganas de hacer todo, contrastados con mi indiferencia rutinaria, en mi esperar a que vengan las cosas a su debido tiempo. Dicen que esto se llama estar de vuelta de todo, pero no he vivido precisamente todo... O será la lucidez, o la fingida lucidez, de ver el poco sentido que tiene la vida aparte de perpetuar la especie y pasearse un rato por el mundo. Decían los chinos que, ya que estamos tan poco tiempo en el mundo, al menos hagamos algo que indique que hemos vivido. Habrá que hacerlo.
Así que me queda el consuelo de la frase de George Eliot: It's never too late to be what you might have been.
Y lo mejor de todo esto es que aún no cumplí los 28.

4.9.08

Palabras sueltas

Te veo oyendo la radio, la radio dice: Mírame, y en lo más hondo de mi ser, garabatos sin saber por qué. Remolinos de sal, viento que huye, configuraciones en la arena... Oyes la radio, me ves, cada poro de mi piel, se activa la ventana, emisión a toda onda, viento en popa, no corta el mar sino vuela, un vuelo a tu nevera. Y en medio de todo esto, el velero, el sueño que nos despeja, sabiendo que sí, que somos así, que no podía ser de otra manera. Pensando esto, oyendo lo contrario, realizando aquello, barcos a contracorriente, que reman y reman, así somos remados, así somos vetados. Entramos en el entresueño, entre dos dueños. Sospechamos. Tememos que venga, lo sentimos muy cerca, ya casi lo podemos tocar, aquello que se nombra pero nunca permanece. Y se atraviesa, se atolondra, nos taladra. Se ofusca, sutura. Y así vamos, volvemos ¿podemos? No estamos solos, alguien nos vigila, el susurro del nido, octava húngara, síndrome sin fin ni principio. No sabemos. No comprendemos. El aire mece y suena. Nos lleva. Se teme, se acomoda a la corriente. Y en medio, sin saberlo, la voluntad de perdurar. Siempre unidos, incapaces de ser vencidos, nos movemos, lo vemos. Se conmueve, y espera. Ya llega . Lo sentimos, se presenta, la luz que ilumina, el faro de la dicha, aquella que se desliza. A trozos. Vamos cayendo poco a poco en la pendiente del olvido, nuestros nombres no se borran, se amodorran. Y escucho, sin ver, en el antesueño. Despojos consentidos, irrisorios, volcánicos. Nadie los ve, nadie quiere verlos, son los parias de la sociedad. Entretanto, el vaivén continúa, égloga omnisciente, balada dadaísta, sublunar luminaria, eminentes patafísicos. Salvémonos. Oigamos los clarines de la redención, la plática amorosa, la suficiencia de la retirada a tiempo. Cazamos. Queremos atraparlo y destrozarlo en nuestras carnes, asesinar el deseo. Y nos abrazamos, lo conseguimos, llegamos. Aterriza la carpa de su salto... de fe? mortal? al vacío? No importa. Sí que sabemos que hemos revelado un tesoro, una inquieta fuente de insólita inagotabilidad. Surte, emana, se desprende y nos faltan manos para recoger todo lo que cae en el verso. Duerme, no razones, es irrepetible, tan sólo la ejecución de dos voluntades, que en un instante de sublime conexión alcanzaron la unidad y el unísono sentir. Unícronos unicornios. El tiempo es uno, y una es la historia.

24.6.08

Lujoso Pérez Galdós

"Entre ellos descollaba una figura tan gigantesca por su talla como por su arrojo. Era un león barbudo, un descomedido atleta que de sus ojos enrojecidos echaba fuego, de su boca imprecaciones tonantes; era la estampa del coraje indómito, del feroz patriotismo, que guerreaba a tiros, a puñetazos, a dicterios inflamados con rabia y encono; era, en fin, el gran Chaves, demente, bárbaro, heroico."

Prim, Episodios Nacionales. Me río yo de las novelas históricas de ahora.

16.6.08

Recogiendo cosas que se caen al suelo

Y se cayó la flecha del frigorífico. Estaba en la cocina de su casa, en la hora de la siesta, con un calor abrasador que le hacía estar casi desnudo. Inmediatamente la recogió y trató de ponerla en su sitio.

Y se cayó la flecha del frigorífico. Era verde, de plástico, pequeña, y pertenecía a uno de sus sobrinos; cuyos juguetes yacían o reposaban por cualquier lugar de la casa. Probablemente era uno de los muchos regalos que les habían hecho, uno de esos conjuntos de diana y flechas asequibles en cualquier todo a cien. Diana... ese nombre le traía recuerdos.

Y se cayó la flecha del frigorífico. Y no sólo a la canción homónima de Paul Anka. La flecha no encajaba en su sitio, que supuestamente estaba rodeando a un imán que sujetaba una foto de cuando era un bebé. En ella estaba en el suelo, también casi desnudo, en lo que debía ser el patio de una de las varias casas en las que recaló su sombra; sonriendo a cámara mientras retozaba con el agua de un barreño rojo. Su madre le había dicho que sólo se reía cuando jugaba con el agua.

Y se cayó la flecha del frigorífico. La flecha y el imán se repelían. Diana era el nombre de uno de sus ¿muchos?, amores platónicos, recordó. La había conocido en el instituto, cuando quería ser informático y consecuentemente acabó entrando en filología inglesa a los pocos años. Aunque era muy niño en la foto, aún le parecía recordar el patio donde estaba. Era el de una casa en la playa, que siempre le había producido una especie de fascinación; debía ser por el agua.

Y se cayó la flecha del frigorífico. Súbitamente se dio cuenta de que, si la flecha y el imán se repelían, debía ser porque la flecha tenía otro imán. Asegurado de esto, se limitó a pegarla en otro sitio. Pero el instituto acabó, dejó de ver a Diana un tiempo y ya sólo se encontraba con ella en carnavales y fiestas de guardar; donde le profesaba una admiración secreta y no confesada. Pero se acabó la casa en la playa; sus padres la vendieron y volvieron al pueblo donde no había playa ni piscinas ni mangueras en su casa. Ya volvía al comedor, volvía a su vida de siempre, lejos de cosas que ya se habían perdido pero que aguardaban pacientemente a que una flecha se cayera; a que alguien pensara que nunca faltará una mano que nos recoja y nos devuelva al frigorífico.

17.5.08


A veces pienso que, como escritor, tengo - al menos eso creo, porque no estoy seguro de tenerla del todo, uno nunca puede estar seguro acerca de estas cosas; llegados a este punto, el lector se debe preguntar qué es lo que tengo o dejo de tener; éste es el problema de las interrupciones en una narración: se convierten fortuitamente en devaneos del escritor que nunca sabes cómo pueden acabar, porque éste da por supuesto que el lector sabe, o por lo menos se imagina, cómo va a acabar la frase que acaba de dejar a medias, lo que, a su vez, le permite intercalar a veces parrafadas harto extensas y del todo ajenas a lo que sería lógico y suficiente para una sencilla comprensión del relato en cuestión, de modo que se hilvanan en la escritura pensamientos aparentemente faltos de una adecuada correlación pero que, por mor de la escritura misma, adquieren una hilazón que les confiere un sentido de unidad, o, si queremos expresarlo en términos más sencillos, al entrelazar fragmentos de pensamiento dispersos en un mismo párrafo, el texto resultante acabará por observar una cierta comunión entre ideas que en un primer momento nos parecerían muy remotas y que carecerían incluso de interés a la hora de determinar lo que se nos está contando; ya que, si bien es cierto que como lectores nos arrogamos el deber de conceder cierta validez o credibilidad a lo que hemos elegido leer, no lo es menos el hecho de que por estar un texto escrito ya participa de una serie de atributos como por ejemplo un cierto orden y una cierta conexión lógica entre sus distintas partes; porque, claro está, no sería la primera vez que nos encontramos que un texto que parece totalmente caótico y arbitrario se nos revela, finalmente, como dotado de armonía al verlo acabado por completo – cierta dificultad para terminar las frases.

31.10.06

Metaforizando

Un día de verano, el periódico La Verdad titulaba en portada: Vicente Amigo arma el taco en La Unión. Ya en el interior del diario, si uno se animaba a seguir la indicación de página dada bajo el mismo titular; se encontraba con una definición del concierto: La guitarra hace llorar a los sueños. Poesía pura, frente a una tópica frase como "armar el taco". Debo decir que en un primer momento, soy un lector distraído, no le di mucha importancia a aquella revelación. Y es que, claro, quién iba a imaginarse que una metáfora iba a revelarme (a recordarme) una de las claves de la condición humana.

No hablo ahora de "hace llorar a los sueños", que ya analizaremos, sino de la estructura misma del periódico como metáfora. Al principio sólo percibí el vivo contraste de estilos entre los dos titulares, coloquial uno y profundo el otro. Lo cotidiano frente a lo poético. Más adelante pensé que en la vida leemos la portada del periódico, pero la belleza, y lo de verdad importante, está en las páginas interiores. Somos conscientes de ello, todos lo sabemos, pero la mayoría de nosotros nos conformamos con leer la portada, si es que leemos. La belleza y la importancia están ahí dentro, pero no entramos. Siguen esperándonos.

Quiero detenerme ahora en el segundo titular. Su espléndida eficacia reside más allá de su correcta inteligencia. Efectivamente, no importa que sepamos o no que se trata de un verso de García Lorca; lo que importa es la suspensión que crea. Y es que uno no puede leer semejante frase sin detenerse. Pensamos que lo típico hubiera sido: concierto inolvidable, noche mágica, magnífica interpretación... y el titular nos dice todo eso y más, sin decirlo. No entenderemos la metáfora del todo, sin embargo nos sumergimos en la magia y lo sublime del concierto.

Trato, ahora, de entrever cómo se llegó a la frase. El autor del artículo se encontró con el problema de traducir en palabras (valga la cacofonía) algo inexpresable, que fue el concierto de Vicente Amigo. Probablemente agotó las posibilidades que hemos imaginado y algunas más. Sintió que algo le faltaba. Tal vez lloró y soñó durante el concierto. O tal vez sintió que los espectadores del concierto fueron sueños a los que una guitarra hizo llorar. Quién nos dirá si los soñaba Vicente Amigo o era la guitarra quien soñaba con ellos.

Declaro que no leí el artículo sobre el concierto. Algo, interiormente, me lo impedía. Tal vez sentí que, dada la excelencia del titular, el artículo sería una vana repetición. Tal vez sentí que, dada la suspensión que el titular operó en mí, mi deber era tratar de interpretarla en esta carta, que no será sino otra vana repetición, antes de seguir leyendo. O tal vez sentí que yo era un sueño y una guitarra me hacía llorar.

23.9.06

Dos versos famosos sacados totalmente de contexto

Sangre de acción solar, devoradora vienes
a iluminar los escritos de todos aquellos
que profanan tu nombre. No sabes bien a quiénes
deberás condenar, o ensalzar por ser más bellos
sus versos. No alcanzarán, no, todos sus destellos
a eclipsar tu fuerza y poderío. Que hacia el postrer río
Leteo vuestro cantar se tuerza, vosotros que entráis
tersos con afán, con los modos de Proteo, al frío
juego de manchar su sacro nombre. No, aunque queráis.
If I could write the beauty of your eyes
the solar-acting blood that is streaming
through my veins would contemptously arise
and say: Fool eyeless writer, you're dreaming
for it was ne'er a beauty of that size
seen belonging to a human being.
We poor writers can not achieve the prize
of writing both blood and beauty we're seeing.

5.5.06

Para...

Tenía la intuición de que era una provocación, siquiera difusamente, pero ahí estaba. No le dejaba ir más allá en su intuir, como si se enfrascara en un razonamiento confuso. Profuso, decidió que lo suyo era una confusión razonada, o por lo menos cotidiana. Y ahí precisamente radicaba el mal. Porque era muy fácil comprobarlo, era muy fácil averiguar si era o no era una provocación. Lo único que obstaba para que lo ejecutara era esa cotidianeidad en la confusión, ya que se sentía confundido casi todos los días, así que perdió la costumbre de preguntar. Uno tiene una duda, y pregunta. Uno tiene mil y una dudas, y no pregunta, porque le parece que la duda es su estado habitual, su modus vivendi.

Viviendo instalado en el apasionante mundo de las disyuntivas, era ilógico que se fiara de sus intuiciones; pero las intuiciones, como se sabe, no nos dejan dormir. Si el narrador se propusiera embrollar el relato, diría que el problema, en realidad, se asentaba en que si dudaba si había tenido o no esa intuición, o también podría decir que este último asomo de duda provenía de otra intuición, o tal vez, y mejor, podría equiparar las dudas con las intuiciones, y no oponerlas. Pero no. Lo que realmente se propone el narrador, siquiera difusamente, intuitivamente, y dudando, como si se enfrascara en un razonamiento confuso, es explicar por qué le pasa todo esto, si ella tan sólo le dijo: “Pablillo…”

8.4.06

Hotmail: Nuevo contacto

Sólo te agregué
porque me pareció
que sería una pena
no volver
a oír tu sonrisa
la música que desprende
no todos lo saben
que exhalas poesía
que bailas colores
que cantas esculturas
y así
la próxima vez que te encuentre
chateando
oiré de nuevo tu sonrisa
y ya no necesitaré oír más
quien la oye no necesita más
para sentir
que está donde quiere estar
y donde tal vez
siempre ha querido
oh si pudiera cantar el cielo
y el azul de tu sonrisa
llorarían las piedras
y por más que quisiera
por más que lo intentara
no acabaría nunca el poema.

Músame

Di mi nombre
aunque sólo sea una vez
di mi nombre
quiero oírlo con esa voz
salir de esos labios de nubes
di mi nombre
con esa carita de hada
vamos hechízame
di mi nombre
y hazlo una invocación
que conjure todos los males
aquí bajo la luz de la luna
di mi nombre
para que oiga las estrellas
cantar un canto infinito
que resplandece en tu rostro
brilla
y
aunque sólo sea una vez
di mi nombre.

13.3.06

Ya en plena mística, dialogando

-Lo que menos me gusta de escribir es pulir
- Es como comer pipas y llenas las calles con sus cáscaras
-Me gusta... y luego que las barran otros
-O el viento
-No, el viento no escoge lo que barre
-Va a lo loco...Escucha las voces del viento, sus cantos
-Cantos que dimanan libertad...
-Sí, como rios de agua pero que flotan
-Señalándonos la puerta de otro lugar, más allá del cielo
-Por allí entra todo y permanece
-Agujero negro que no nos deja salir
-Sí, por que está en todos lados, por eso el viento lo recorre... suena parecido pero es distinto su canto
-Y nosotros, pobres humanos, seguimos aquí abajo, empeñados en salpicar de explicaciones inútiles el mundo
-Rígidos y estáticos... Las horas húngaras nos envuelven pero no las vemos
-Invocando un avance al que no podemos acompañar
-Sólo lo vemos pasar. Me tengo que ir... mañana a la hora húngara de siempre
-O.K. nos vemos
-Nos oímos, nos olemos

7.2.06

Mano a mano con luissa

Yo: Cuando se empieza, no se sabe...
y cuando se termina, no se sabe muy bien qué es lo que se ha hecho :)
Ella: Sí, en todo caso crear es más que interesante
Yo: Estamos condenados a no saber, a la inopia... crear es no saber
Ella: Al menos para algunos
Yo: Me está quedando bien, lo tendré que escribir :)
Ella: Bueno sí, pero es hacer algo con ése no saber
es no conformarse con no saber

19.1.06

Voceando

Yo entro a la librería con el propósito de comprarme un libro. Veo a la librera e inmediatamente olvido que estoy en una librería y que quiero comprar un libro. Porque la veo a ella y sólo está ella. De repente comprendo que el universo ha desaparecido porque ha aparecido ella. Es una barbaridad. Con su sonrisa inaudita me dice, rodeada por una suerte de halo, porque sólo la veo a ella, Buenas, qué quieres. Yo le pido un libro cualquiera, en realidad ha dejado de importarme, el caso es verla. Te gusta leer, le pregunto, Sí, dice ella mientras me cobra, Yo escribo y todo, le digo. Ella sonríe, qué inaudita la sonrisa, qué barbaridad, qué belleza, qué librera, qué todo. Ah sí, y qué escribes, me pregunta, Pues escribo una suerte de antiliteratura con ribetes de metaficción, No te entiendo una palabra, dice ella. Me trastabillo. Hablando, me trastabillo. Hablando, le digo, me trastabillo con las palabras, Se nota, me dice, pero aún así no entiendo qué es eso de antiliteratura y qué es eso de metaficción.

Uno, en su fuero interno, sea lo que sea el fuero interno, siempre piensa que sabe perfectamente lo que es la antiliteratura y lo que es la metaficción, pero, ay amigo, otra cosa es explicarlo. Y otra cosa, evidentemente, es explicárselo a ella. Pues, empiezo a decir, la antilu, la antili, la antilitre, la antilitrut, la antili-te-ra-tu-ra, me trastabillo, consiste básicamente en saltarse todas las normas literarias que uno pueda, Ah, dice ella, qué tremenda su mirada, qué ojos, qué sonrisa, qué librera, qué todo. Y qué es eso de la metaficción, dice, Pues es una ficción sobre la ficción, una ficción dentro de otra ficción vamos, Vamos, dice ella, que eres muy raro. Sí, le sonrío, pensando, cómo es que no la vi antes, dudando, no sé qué decirle, temiendo, me va a tomar por tonto, sabiendo, algo le tendré que decir. Eeeehm por qué eres tan guapa, le suelto. Magnífico. Ahora ya no me tomará por tonto, ahora me sabe tonto. Me sabe tonto este relato, no me sabe a fresa ni a limón, me sabe eso, tonto, irrumpe el escritor. Ella vuelve a sonreír al oírme decirle tamaña tontería, pero la sonrisa, y qué sonrisa, se desvanece, y qué desvanecimiento, al oír al escritor, y me pregunta, Has oído algo, Sí, y es que desde que escribo me parece oír una voz tras de mí, que me dice cómo escribir , le digo, A veces me parece oír una voz tras de mí, que me dice cómo escribir, Y no te da miedo. Mucho. Pero eso no la acalla. Se lo digo a ella. Tal vez haya una manera de hacerla callar, me dice, Cómo, le ruego, Pues muy fácil, sólo tienes que escribir sobre mí, Pero escribo sobre la realidad o me lo invento, Mejor te lo inventas y luego lo hacemos realidad, Entonces la realidad sólo sería una ficción, una invención, Tal vez siempre lo haya sido, Eres mejor escritora que yo, sonrío, Tal vez siempre lo haya sido, sonríe, Y quién escribirá nuestro relato, qué dios detrás de Dios la trama empieza, le pregunto, Ya te he dicho que debes escribirlo tú, para así acallar la vocecilla ésa que te habla, y no te asustes de ella, porque nosotros somos esa voz, y esa voz es tú y es yo y es nosotros dos.

16.1.06

Estoy en ello

Supongo que, pero suponer es falso, o cuando menos tonto, cuando de uno mismo se trata, creo que, pero en realidad lo sé, tengo el típico y consabido bloqueo creativo, así que tiro de una poesía de mi amigo Lorenzo:

Mi camino equivocado

Existes para agonizar
No sabes cómo llegaste aquí
Nadie te preguntó por qué
Para qué?
Hace falta valor para estar vivo
Dan por hecho que eres valiente
Te tienen lástima o te abandonan
Porque no viniste a este mundo a luchar
Pero nadie te lo dijo
Cuando quisiste darte cuenta
Te amputaron las ganas
Y ahora tienes que andar
Por un camino desconocido
Tullido,
Cojeas,
Por la senda marcada
La que todos seguirán
Buscas una puerta entreabierta
Donde cobijarte
Mirando al suelo
Los errantes siguen su camino
Nadie es como los demás
Y levantas la cabeza
Pero estás mutilado
Y tienes que inclinar la cabeza
Para no tropezar con las piedras.
No puedes pasar
Existes para agonizar.

Por Lorenzo Alarcón Sabater

26.12.05

El elefante y la mesa me cuentan...

...que un día Pablito estaba sentado a una mesa discutiendo obstinadamente (esta obstinación es importante, como advertirá el lector) con unos amigos, unos lectores suyos y otros no. Se empeñaba en defender la idea, tal vez errónea, de que todo está en nuestra mente, de que no hay realidad exterior al sujeto, de que nada es verdad ni mentira, sino figuraciones y ficciones nuestras. Cansados de tanta abstracción, los amigos le pedimos que nos diera algún ejemplo o demostración. Y él se dirigió a sus discípulos diciendo: "Imaginemos una mesa como esta. Yo digo: Esta mesa es fuerte, y para comprobarlo, paso a darle un golpe, incluso podría acostarme en ella, y la mesa no se rompe, luego es fuerte. Antonio, aquí presente, podría repetir el experimento con resultados análogos, y todos nosotros, y cien personas que vinieran, así quedaría comprobado que la mesa es fuerte. Pues no. Imaginemos ahora que viene un elefante, no os riáis, sólo imaginad, y pone sus patas delanteras sobre la mesa, destrozándola. El elefante dice: Esta mesa no es fuerte ¿Quién tiene razón, el elefante o nosotros? A nosotros nos parecía una verdad evidente que la mesa era fuerte, pero el elefante ha probado que no. Supongo que ahora me objetaréis que el peso del animal ha causado el destrozo y demás, pero eso no es interesante. Lo que sí es interesante es que nuestro argumento es irrefutable, y el del elefante también, pero ambos son incompatibles. ¿Cómo justificar que ambos sean ciertos? Sencillo. Pues resulta que el elefante dice que la mesa no es fuerte porque desde su punto de vista no lo es, y nosotros decimos que sí lo es, porque desde nuestro punto de vista la mesa es fuerte. Ahora bien, ¿qué es el punto de vista, sino una manera de configurar el universo, una figuración y una ficción nuestra? La mesa ni es fuerte ni deja de serlo, simplemente porque toda concepción acerca de la fortaleza de la mesa es mera ficción, o dicho de otro modo, depende de nuestro punto de vista. Luego nada es cierto ni deja de serlo, depende de nuestro punto de vista. Lo único cierto, es la mesa."

16.12.05

Dadme tiempo

Tengo un primo con el que, en el decurso de nuestras habituales borracheras, trascendemos nuestra mera condición de humanos para pasar a representar entes abstractos. Efectivamente, él ya no es él, sino que es El Miedo. Y yo, que ya no soy yo, soy El Tiempo. Seguidamente procedemos a decir tonterías del tipo: Con el Tiempo tendrás Miedo, o: El Tiempo te quita el Miedo, o: Tengo Miedo del Tiempo. Son tonterías así: Parece que bebes con miedo, Quién es el Miedo?, Tú, Y quién es el Tiempo?, Yo soy el Tiempo, Pues entonces no tengas miedo, porque estás con él. A veces se puede estar sin Miedo, pero no se puede estar sin Tiempo. El Tiempo nos rodea.Oh ´Tiempo, así que vamos a experimentar, oh futuro de nuestros sueños, en el blog:

Una vez en el laberinto, dice mi primo, da igual blanco que tinto, Jajajaja, contesto yo.
Deificación de lo relativo.
No te quiero ver beber alcohol, bebe sólo cerveza y vino, dice, Jajaja, contesto yo, y eso no es alcohol?, Tú ya me entiendes.
Ruina de los sueños.
Pero eso es alcohol, no?, Sí, pero no es malo ni chispa.
Inicio del metafórico amanecer.
Sigue, que te veo inspirado, No nos conocíamos, y bebíamos, luego nos conocimos, y bebimos, Y ahora?, Ahora, bebamos hasta que no nos conozcamos.
Tiempo de silencio.
Jajajaja, estás que te sales, Esta noche no salgo, Querrás decir que no sales del pueblo, mandilón.
Padre de Zeus Crónida.
Y tú tontarra, Bueno, por lo menos tienes Tiempo, Para qué lo quiero?, Para jugar.
Padre de la verdad griega.
Cómo se juega con el tiempo?, Pues de muchas maneras: se puede ir hacia adelante y atrás en el tiempo, jugar con los tiempos verbales, no considerarlo en absoluto; hay varias maneras.
Mar ebrio de horas.
A ver, inténtalo, Pero antes una consideración, Dime.
Tiempo que huye.
Mientras se juega con el tiempo, él juega con nosotros, Cómo?, Sí, escucha, Soy todo orejas.
Oh, Tiempo, tus pirámides.
Es imposible escapar de la telaraña del tiempo, se nos escapa mientras jugamos con él, se ríe de nosotros, juega con nosotros.
Reflejo de la memoria.
Es cierto, Nada escapa al tiempo, Pues juguemos con él, aunque se escape, pongámosle riendas al tiempo.
Frustración del instante.
Es típico, y está muy visto, que un relato vaya hacia adelante y hacia atrás en el tiempo, pero, qué tal una conversación?, es imaginable una conversación que vaya hacia adelante y hacia atrás en el tiempo?.
Tú al que ignoran los animales.
Es imaginable, pero no inteligible, Tal vez sí, piensa que nuestras conversaciones son fragmentarias y elípticas, podríamos cortarlas en trocitos y dispersarlos, porque aun así se entendería lo que decimos.
Tiempo de Maricastaña.
Tú y tus experimentos, Jajaja, pero sería entretenido, Esto ya lo has dicho antes.
Abarcador de la eternidad.
No creo, Sí, lo que pasa es que ésta conversación está con el orden revuelto, y va palante y patrás.
Medidor de nuestra vida.
Veo que también sabes jugar, Menos que tú, aunque no sabes a qué juegas, No, ni con quién, Estás jugando conmigo.
Hijo de la mente humana.
Sí, pero no sé las reglas.Tú que inventaste el juego, pon las reglas, Tal vez no haya reglas con el tiempo.
Rocío de mis sueños.
Ni contigo, Claro, porque piensa que un juego sin reglas es una mixtificación, como yo, en definitiva.
Tú que todo lo curas y comprendes.
Te veo muy poderoso, o muy tonto, Más bien lo segundo, pero tal vez toda esta conversación no sea sino una gran mixtificación, como yo, como este juego, como este escrito, como este blog, como el universo.
El Tiempo.

12.12.05

Soltad las, soltadlas, amarras

Hoy oídme oir la radio y contaros mi historia. Erase una vez un chico que llegó a una entrevista de trabajo en un electrohíper cualquiera. Ilusión y ganas no le faltaban, así que entró con decisión indecisa y dijo, Soy Pablo Serrano y venía a una entrevista de trabajo a a las 6, Vale, espera, le contestaron. Luego me (le) hicieron pasar a una sala con una mesa, dos o tres sillas y un hombre. El entrevistador (el hombre) me hizo, obviamente, una pequeña entrevista, que supongo no diferirá en demasía de las q se suelen hacer en este tipo d eventos. Lo que sí que es reseñable, más allá del resultado de la misma, que no fue bueno, o al menos todo lo bueno que yo esperaba, más que nada porque me hizo un par de preguntas capciosas y pinché en hueso, aunque hay veces, amigos, en que me trago los huesos (los de las olivas, por ejemplo), y bueno, lo que sí es reseñable, decíamos, es (era) (¿estoy hablando en pasado o en presente? Joer que lío) su cara.

No su cara, perdón, sino su parte más importante. Así es, este hombre, o lo que sea, era incapaz de hablar con fluidez con los ojos abiertos, cuando hablaba con cierta extensión se le cerraban y, estando cerrados, parpadeaban constantemente. Uno, en su fuero interno, sea lo que sea uno y sea lo que sea el fuero interno, se pregunta cómo se puede confiar en alguien, un director de personal, o lo que sea, que no te mira a la cara mientras te habla. Supongo que se tratará, más bien, d un tic nervioso, de lo que se colige que en realidad era yo el que le ponía nervioso. Feo soy, y lo seré, pero no sabia q lo fuese hasta el extremo de poner nervioso a nadie. Seguiremos informando.

10.12.05

Por algo se empieza

No sé muy bien qué poner, así que... que hable Lorenzo Alarcón Sabater.

Hola, soy Lorenzo, y aunque el blog no sea mío, allá va un poema de mi autoría :P

Golondrina

Sin saber por qué
te alejas como ave invernal
sigues tu instinto
nadie te enseñó el camino
pero lo encontraste
quiero seguirte
pero tú alto vuelas
eres ya un punto volando hacia el sur
sigues a las golondrinas
sin saber por qué

Sin saber por qué
en verano caíste herida
a mis pies
en mi jaula te cobijé
tus heridas sané
alimento de sobra tengo
y comida a tu pico llevé
pero el invierno llegó
y te fuiste
sin saber por qué

Sin saber por qué
ya no volverás golondrina
no seré más tu norte
lejos tendrás que volar
el próximo verano
siempre estaré ahí
para una golondrina herida
alimento de sobra tengo
y comida a su pico llevaré
sin saber por qué.


Hasta aquí, Lorenzo. Ahora yo. Bueno, pues me despido hasta la próxima vez.