Para...
Tenía la intuición de que era una provocación, siquiera difusamente, pero ahí estaba. No le dejaba ir más allá en su intuir, como si se enfrascara en un razonamiento confuso. Profuso, decidió que lo suyo era una confusión razonada, o por lo menos cotidiana. Y ahí precisamente radicaba el mal. Porque era muy fácil comprobarlo, era muy fácil averiguar si era o no era una provocación. Lo único que obstaba para que lo ejecutara era esa cotidianeidad en la confusión, ya que se sentía confundido casi todos los días, así que perdió la costumbre de preguntar. Uno tiene una duda, y pregunta. Uno tiene mil y una dudas, y no pregunta, porque le parece que la duda es su estado habitual, su modus vivendi.
Viviendo instalado en el apasionante mundo de las disyuntivas, era ilógico que se fiara de sus intuiciones; pero las intuiciones, como se sabe, no nos dejan dormir. Si el narrador se propusiera embrollar el relato, diría que el problema, en realidad, se asentaba en que si dudaba si había tenido o no esa intuición, o también podría decir que este último asomo de duda provenía de otra intuición, o tal vez, y mejor, podría equiparar las dudas con las intuiciones, y no oponerlas. Pero no. Lo que realmente se propone el narrador, siquiera difusamente, intuitivamente, y dudando, como si se enfrascara en un razonamiento confuso, es explicar por qué le pasa todo esto, si ella tan sólo le dijo: “Pablillo…”
Viviendo instalado en el apasionante mundo de las disyuntivas, era ilógico que se fiara de sus intuiciones; pero las intuiciones, como se sabe, no nos dejan dormir. Si el narrador se propusiera embrollar el relato, diría que el problema, en realidad, se asentaba en que si dudaba si había tenido o no esa intuición, o también podría decir que este último asomo de duda provenía de otra intuición, o tal vez, y mejor, podría equiparar las dudas con las intuiciones, y no oponerlas. Pero no. Lo que realmente se propone el narrador, siquiera difusamente, intuitivamente, y dudando, como si se enfrascara en un razonamiento confuso, es explicar por qué le pasa todo esto, si ella tan sólo le dijo: “Pablillo…”

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