Para alguien que no lo entiende
Yo sé que sufriste mucho para llegar a clase el pasado jueves. Hiciste varias gestiones en la ciudad a pie por la mañana. Ya en casa, apenas te dio tiempo de comer antes de encaminarte a la casa de tu alumno. Antes, trataste de descansar un poco, sin conseguirlo.
Yo sé que al principio de caminar empezó el dolor. Se situó en la pierna izquierda y no le diste ninguna importancia, como de costumbre. Después te dolía la espalda, en la zona media de la columna vertebral. Mientras seguías andando, poco a poco pasó a dolerte en el lado derecho y luego en el izquierdo, como buscando el sitio donde molestara más. Sin dejar de dolerte la espalda ni la pierna, lo hizo también la parte izquierda del pecho.
Yo sé qué ninguna excusa te bastaba. Llegarías tarde a clase si bajabas el ritmo, y tampoco le encontrabas una explicación convincente a tu tormento. La opción de riesgo cardíaco estaba descartada; el pecho te dolía demasiado al costado, no te dolía el brazo. Agotaste todas las ideas que se te ocurrieron para abstraerte; sin resultado. Finalmente, optaste por una reducción al absurdo: si el dolor no tenía sentido (tu esfuerzo no estaba siendo tan excesivo), lo mejor era ridiculizarlo. Así, inventaste una canción que fuera al compás del dolor. Éste no bajó en intensidad, pero se hizo más soportable.
En ningún momento dejó de dolerte, en ningún momento dejaste de caminar. Sin embargo, al llegar a casa de tu alumno diste la clase con toda normalidad, sin ninguna muestra evidente de tu extremo cansancio, y no le comentaste nada de tu dolor a nadie.
Yo sé que al principio de caminar empezó el dolor. Se situó en la pierna izquierda y no le diste ninguna importancia, como de costumbre. Después te dolía la espalda, en la zona media de la columna vertebral. Mientras seguías andando, poco a poco pasó a dolerte en el lado derecho y luego en el izquierdo, como buscando el sitio donde molestara más. Sin dejar de dolerte la espalda ni la pierna, lo hizo también la parte izquierda del pecho.
Yo sé qué ninguna excusa te bastaba. Llegarías tarde a clase si bajabas el ritmo, y tampoco le encontrabas una explicación convincente a tu tormento. La opción de riesgo cardíaco estaba descartada; el pecho te dolía demasiado al costado, no te dolía el brazo. Agotaste todas las ideas que se te ocurrieron para abstraerte; sin resultado. Finalmente, optaste por una reducción al absurdo: si el dolor no tenía sentido (tu esfuerzo no estaba siendo tan excesivo), lo mejor era ridiculizarlo. Así, inventaste una canción que fuera al compás del dolor. Éste no bajó en intensidad, pero se hizo más soportable.
En ningún momento dejó de dolerte, en ningún momento dejaste de caminar. Sin embargo, al llegar a casa de tu alumno diste la clase con toda normalidad, sin ninguna muestra evidente de tu extremo cansancio, y no le comentaste nada de tu dolor a nadie.

0 Comments:
Publicar un comentario
<< Home