Metaforizando
Un día de verano, el periódico La Verdad titulaba en portada: Vicente Amigo arma el taco en La Unión. Ya en el interior del diario, si uno se animaba a seguir la indicación de página dada bajo el mismo titular; se encontraba con una definición del concierto: La guitarra hace llorar a los sueños. Poesía pura, frente a una tópica frase como "armar el taco". Debo decir que en un primer momento, soy un lector distraído, no le di mucha importancia a aquella revelación. Y es que, claro, quién iba a imaginarse que una metáfora iba a revelarme (a recordarme) una de las claves de la condición humana.
No hablo ahora de "hace llorar a los sueños", que ya analizaremos, sino de la estructura misma del periódico como metáfora. Al principio sólo percibí el vivo contraste de estilos entre los dos titulares, coloquial uno y profundo el otro. Lo cotidiano frente a lo poético. Más adelante pensé que en la vida leemos la portada del periódico, pero la belleza, y lo de verdad importante, está en las páginas interiores. Somos conscientes de ello, todos lo sabemos, pero la mayoría de nosotros nos conformamos con leer la portada, si es que leemos. La belleza y la importancia están ahí dentro, pero no entramos. Siguen esperándonos.
Quiero detenerme ahora en el segundo titular. Su espléndida eficacia reside más allá de su correcta inteligencia. Efectivamente, no importa que sepamos o no que se trata de un verso de García Lorca; lo que importa es la suspensión que crea. Y es que uno no puede leer semejante frase sin detenerse. Pensamos que lo típico hubiera sido: concierto inolvidable, noche mágica, magnífica interpretación... y el titular nos dice todo eso y más, sin decirlo. No entenderemos la metáfora del todo, sin embargo nos sumergimos en la magia y lo sublime del concierto.
Trato, ahora, de entrever cómo se llegó a la frase. El autor del artículo se encontró con el problema de traducir en palabras (valga la cacofonía) algo inexpresable, que fue el concierto de Vicente Amigo. Probablemente agotó las posibilidades que hemos imaginado y algunas más. Sintió que algo le faltaba. Tal vez lloró y soñó durante el concierto. O tal vez sintió que los espectadores del concierto fueron sueños a los que una guitarra hizo llorar. Quién nos dirá si los soñaba Vicente Amigo o era la guitarra quien soñaba con ellos.
Declaro que no leí el artículo sobre el concierto. Algo, interiormente, me lo impedía. Tal vez sentí que, dada la excelencia del titular, el artículo sería una vana repetición. Tal vez sentí que, dada la suspensión que el titular operó en mí, mi deber era tratar de interpretarla en esta carta, que no será sino otra vana repetición, antes de seguir leyendo. O tal vez sentí que yo era un sueño y una guitarra me hacía llorar.
No hablo ahora de "hace llorar a los sueños", que ya analizaremos, sino de la estructura misma del periódico como metáfora. Al principio sólo percibí el vivo contraste de estilos entre los dos titulares, coloquial uno y profundo el otro. Lo cotidiano frente a lo poético. Más adelante pensé que en la vida leemos la portada del periódico, pero la belleza, y lo de verdad importante, está en las páginas interiores. Somos conscientes de ello, todos lo sabemos, pero la mayoría de nosotros nos conformamos con leer la portada, si es que leemos. La belleza y la importancia están ahí dentro, pero no entramos. Siguen esperándonos.
Quiero detenerme ahora en el segundo titular. Su espléndida eficacia reside más allá de su correcta inteligencia. Efectivamente, no importa que sepamos o no que se trata de un verso de García Lorca; lo que importa es la suspensión que crea. Y es que uno no puede leer semejante frase sin detenerse. Pensamos que lo típico hubiera sido: concierto inolvidable, noche mágica, magnífica interpretación... y el titular nos dice todo eso y más, sin decirlo. No entenderemos la metáfora del todo, sin embargo nos sumergimos en la magia y lo sublime del concierto.
Trato, ahora, de entrever cómo se llegó a la frase. El autor del artículo se encontró con el problema de traducir en palabras (valga la cacofonía) algo inexpresable, que fue el concierto de Vicente Amigo. Probablemente agotó las posibilidades que hemos imaginado y algunas más. Sintió que algo le faltaba. Tal vez lloró y soñó durante el concierto. O tal vez sintió que los espectadores del concierto fueron sueños a los que una guitarra hizo llorar. Quién nos dirá si los soñaba Vicente Amigo o era la guitarra quien soñaba con ellos.
Declaro que no leí el artículo sobre el concierto. Algo, interiormente, me lo impedía. Tal vez sentí que, dada la excelencia del titular, el artículo sería una vana repetición. Tal vez sentí que, dada la suspensión que el titular operó en mí, mi deber era tratar de interpretarla en esta carta, que no será sino otra vana repetición, antes de seguir leyendo. O tal vez sentí que yo era un sueño y una guitarra me hacía llorar.
