26.12.05

El elefante y la mesa me cuentan...

...que un día Pablito estaba sentado a una mesa discutiendo obstinadamente (esta obstinación es importante, como advertirá el lector) con unos amigos, unos lectores suyos y otros no. Se empeñaba en defender la idea, tal vez errónea, de que todo está en nuestra mente, de que no hay realidad exterior al sujeto, de que nada es verdad ni mentira, sino figuraciones y ficciones nuestras. Cansados de tanta abstracción, los amigos le pedimos que nos diera algún ejemplo o demostración. Y él se dirigió a sus discípulos diciendo: "Imaginemos una mesa como esta. Yo digo: Esta mesa es fuerte, y para comprobarlo, paso a darle un golpe, incluso podría acostarme en ella, y la mesa no se rompe, luego es fuerte. Antonio, aquí presente, podría repetir el experimento con resultados análogos, y todos nosotros, y cien personas que vinieran, así quedaría comprobado que la mesa es fuerte. Pues no. Imaginemos ahora que viene un elefante, no os riáis, sólo imaginad, y pone sus patas delanteras sobre la mesa, destrozándola. El elefante dice: Esta mesa no es fuerte ¿Quién tiene razón, el elefante o nosotros? A nosotros nos parecía una verdad evidente que la mesa era fuerte, pero el elefante ha probado que no. Supongo que ahora me objetaréis que el peso del animal ha causado el destrozo y demás, pero eso no es interesante. Lo que sí es interesante es que nuestro argumento es irrefutable, y el del elefante también, pero ambos son incompatibles. ¿Cómo justificar que ambos sean ciertos? Sencillo. Pues resulta que el elefante dice que la mesa no es fuerte porque desde su punto de vista no lo es, y nosotros decimos que sí lo es, porque desde nuestro punto de vista la mesa es fuerte. Ahora bien, ¿qué es el punto de vista, sino una manera de configurar el universo, una figuración y una ficción nuestra? La mesa ni es fuerte ni deja de serlo, simplemente porque toda concepción acerca de la fortaleza de la mesa es mera ficción, o dicho de otro modo, depende de nuestro punto de vista. Luego nada es cierto ni deja de serlo, depende de nuestro punto de vista. Lo único cierto, es la mesa."

16.12.05

Dadme tiempo

Tengo un primo con el que, en el decurso de nuestras habituales borracheras, trascendemos nuestra mera condición de humanos para pasar a representar entes abstractos. Efectivamente, él ya no es él, sino que es El Miedo. Y yo, que ya no soy yo, soy El Tiempo. Seguidamente procedemos a decir tonterías del tipo: Con el Tiempo tendrás Miedo, o: El Tiempo te quita el Miedo, o: Tengo Miedo del Tiempo. Son tonterías así: Parece que bebes con miedo, Quién es el Miedo?, Tú, Y quién es el Tiempo?, Yo soy el Tiempo, Pues entonces no tengas miedo, porque estás con él. A veces se puede estar sin Miedo, pero no se puede estar sin Tiempo. El Tiempo nos rodea.Oh ´Tiempo, así que vamos a experimentar, oh futuro de nuestros sueños, en el blog:

Una vez en el laberinto, dice mi primo, da igual blanco que tinto, Jajajaja, contesto yo.
Deificación de lo relativo.
No te quiero ver beber alcohol, bebe sólo cerveza y vino, dice, Jajaja, contesto yo, y eso no es alcohol?, Tú ya me entiendes.
Ruina de los sueños.
Pero eso es alcohol, no?, Sí, pero no es malo ni chispa.
Inicio del metafórico amanecer.
Sigue, que te veo inspirado, No nos conocíamos, y bebíamos, luego nos conocimos, y bebimos, Y ahora?, Ahora, bebamos hasta que no nos conozcamos.
Tiempo de silencio.
Jajajaja, estás que te sales, Esta noche no salgo, Querrás decir que no sales del pueblo, mandilón.
Padre de Zeus Crónida.
Y tú tontarra, Bueno, por lo menos tienes Tiempo, Para qué lo quiero?, Para jugar.
Padre de la verdad griega.
Cómo se juega con el tiempo?, Pues de muchas maneras: se puede ir hacia adelante y atrás en el tiempo, jugar con los tiempos verbales, no considerarlo en absoluto; hay varias maneras.
Mar ebrio de horas.
A ver, inténtalo, Pero antes una consideración, Dime.
Tiempo que huye.
Mientras se juega con el tiempo, él juega con nosotros, Cómo?, Sí, escucha, Soy todo orejas.
Oh, Tiempo, tus pirámides.
Es imposible escapar de la telaraña del tiempo, se nos escapa mientras jugamos con él, se ríe de nosotros, juega con nosotros.
Reflejo de la memoria.
Es cierto, Nada escapa al tiempo, Pues juguemos con él, aunque se escape, pongámosle riendas al tiempo.
Frustración del instante.
Es típico, y está muy visto, que un relato vaya hacia adelante y hacia atrás en el tiempo, pero, qué tal una conversación?, es imaginable una conversación que vaya hacia adelante y hacia atrás en el tiempo?.
Tú al que ignoran los animales.
Es imaginable, pero no inteligible, Tal vez sí, piensa que nuestras conversaciones son fragmentarias y elípticas, podríamos cortarlas en trocitos y dispersarlos, porque aun así se entendería lo que decimos.
Tiempo de Maricastaña.
Tú y tus experimentos, Jajaja, pero sería entretenido, Esto ya lo has dicho antes.
Abarcador de la eternidad.
No creo, Sí, lo que pasa es que ésta conversación está con el orden revuelto, y va palante y patrás.
Medidor de nuestra vida.
Veo que también sabes jugar, Menos que tú, aunque no sabes a qué juegas, No, ni con quién, Estás jugando conmigo.
Hijo de la mente humana.
Sí, pero no sé las reglas.Tú que inventaste el juego, pon las reglas, Tal vez no haya reglas con el tiempo.
Rocío de mis sueños.
Ni contigo, Claro, porque piensa que un juego sin reglas es una mixtificación, como yo, en definitiva.
Tú que todo lo curas y comprendes.
Te veo muy poderoso, o muy tonto, Más bien lo segundo, pero tal vez toda esta conversación no sea sino una gran mixtificación, como yo, como este juego, como este escrito, como este blog, como el universo.
El Tiempo.

12.12.05

Soltad las, soltadlas, amarras

Hoy oídme oir la radio y contaros mi historia. Erase una vez un chico que llegó a una entrevista de trabajo en un electrohíper cualquiera. Ilusión y ganas no le faltaban, así que entró con decisión indecisa y dijo, Soy Pablo Serrano y venía a una entrevista de trabajo a a las 6, Vale, espera, le contestaron. Luego me (le) hicieron pasar a una sala con una mesa, dos o tres sillas y un hombre. El entrevistador (el hombre) me hizo, obviamente, una pequeña entrevista, que supongo no diferirá en demasía de las q se suelen hacer en este tipo d eventos. Lo que sí que es reseñable, más allá del resultado de la misma, que no fue bueno, o al menos todo lo bueno que yo esperaba, más que nada porque me hizo un par de preguntas capciosas y pinché en hueso, aunque hay veces, amigos, en que me trago los huesos (los de las olivas, por ejemplo), y bueno, lo que sí es reseñable, decíamos, es (era) (¿estoy hablando en pasado o en presente? Joer que lío) su cara.

No su cara, perdón, sino su parte más importante. Así es, este hombre, o lo que sea, era incapaz de hablar con fluidez con los ojos abiertos, cuando hablaba con cierta extensión se le cerraban y, estando cerrados, parpadeaban constantemente. Uno, en su fuero interno, sea lo que sea uno y sea lo que sea el fuero interno, se pregunta cómo se puede confiar en alguien, un director de personal, o lo que sea, que no te mira a la cara mientras te habla. Supongo que se tratará, más bien, d un tic nervioso, de lo que se colige que en realidad era yo el que le ponía nervioso. Feo soy, y lo seré, pero no sabia q lo fuese hasta el extremo de poner nervioso a nadie. Seguiremos informando.

10.12.05

Por algo se empieza

No sé muy bien qué poner, así que... que hable Lorenzo Alarcón Sabater.

Hola, soy Lorenzo, y aunque el blog no sea mío, allá va un poema de mi autoría :P

Golondrina

Sin saber por qué
te alejas como ave invernal
sigues tu instinto
nadie te enseñó el camino
pero lo encontraste
quiero seguirte
pero tú alto vuelas
eres ya un punto volando hacia el sur
sigues a las golondrinas
sin saber por qué

Sin saber por qué
en verano caíste herida
a mis pies
en mi jaula te cobijé
tus heridas sané
alimento de sobra tengo
y comida a tu pico llevé
pero el invierno llegó
y te fuiste
sin saber por qué

Sin saber por qué
ya no volverás golondrina
no seré más tu norte
lejos tendrás que volar
el próximo verano
siempre estaré ahí
para una golondrina herida
alimento de sobra tengo
y comida a su pico llevaré
sin saber por qué.


Hasta aquí, Lorenzo. Ahora yo. Bueno, pues me despido hasta la próxima vez.